Esta colección parte del late motiv, agua. El agua vista desde una perspectiva espiritual significa las emociones. En la simbología de las cartas del tarot siempre que aparece este elemento, el mensaje estará relacionado con el mundo emocional de la persona. Este es el punto de partida en el que surgen estos broches que ilustran literalmente a alguien que está emocionado, solo o acompañado, anónimos en el que todos nos podemos sentir reflejados. Actos de llorar o retener, el no querer ver las emocionoes o compartirlas, el espacio que ocupan y como afectan a nuestro cuerpo, son algunas ideas que surgen en el proceso de crearlas.
Esta colección parte del late motiv, agua. El agua vista desde una perspectiva espiritual significa las emociones. En la simbología de las cartas del tarot siempre que aparece este elemento, el mensaje estará relacionado con el mundo emocional de la persona. Este es el punto de partida en el que surgen estos broches que ilustran literalmente a alguien que está emocionado, solo o acompañado, anónimos en el que todos nos podemos sentir reflejados. Actos de llorar o retener, el no querer ver las emocionoes o compartirlas, el espacio que ocupan y como afectan a nuestro cuerpo, son algunas ideas que surgen en el proceso de crearlas.
En estas colecciones, los accidentes cobran gran importancia, dando a los materiales rotos, desgastados y manchados un lugar destacado, capturan un momento y nos revelan la belleza de lo etéreo. Las obras desafían nuestras ideas sobre las distinciones en el arte. Rompiendo los muros que nos oprimen y reduciendo la distancia entre lo que vigoriza nuestro hogar y adorna nuestros cuerpos. Romper estas barreras, desaprender y abandonar lo que se supone que es correcto puede asustarnos, pero también nos acerca a la libertad.
En estas colecciones, los accidentes cobran gran importancia, dando a los materiales rotos, desgastados y manchados un lugar destacado, capturan un momento y nos revelan la belleza de lo etéreo. Las obras desafían nuestras ideas sobre las distinciones en el arte. Rompiendo los muros que nos oprimen y reduciendo la distancia entre lo que vigoriza nuestro hogar y adorna nuestros cuerpos. Romper estas barreras, desaprender y abandonar lo que se supone que es correcto puede asustarnos, pero también nos acerca a la libertad.
Caminamos acelerados por Barcelona, sin fijarnos en los desperdicios y escombros que se amontonan en las esquinas de la ciudad. Somos una sociedad ciega que ha abandonado la lucha y acumula sus desastres en las calles, convertidos en tristes composiciones de despojos cuyas historias sólo unos pocos observadores se detienen a escuchar: quién habitaba esas casas ahora vacías. Quién las reforma y con qué intereses. Quiénes serán los nuevos inquilinos y a dónde irán los viejos y sus recuerdos. Entonces descubrimos que los deshechos, la basura, no son esos muebles y enseres, sino toda nuestra sociedad, que ha elegido ponerse una venda en los ojos y volverse ciega a su propia podredumbre. Y nos damos cuenta de que hay algo peor que ser ciego: elegir no mirar.
Hemos convertido la ceguera en un hábito. Somos todos tan ciegos que vemos desperdicios donde deberíamos evocar recuerdos, historias y víctimas. Y llamamos sociedad, progreso y civilización a lo que podríamos definir como pura y simple basura. No debe ser casualidad que en español sociedad (society) y suciedad (dirt) se escriban casi igual.
La mujer en la historia se ha encontrado en una posición sumisa y sin libertad. La lucha para conseguir la igualdad ha sido motivo de manifestaciones, libros, conversaciones,.. que han logrado grandes cambios y libertades para nosotras. En la búsqueda de esa libertad la mujer se ha masculinizado. Intentando estar al mismo nivel profesional, familiar y social, nos olvidamos de nuestra feminidad, nuestras capacidades y nuestra libertad. Seguimos en una sociedad patriarcal cubierta de un falso progresismo, juzgando a las mujeres por sus decisiones y actitudes, ocultando sus miedos y problemas reales.
*Las fotografías de colodión son los deshechos del artista Martí Ardinach.
“Las líneas se desdibujan, los colores se difuminan tras la cortina. La luz forma parte de tu recuerdo y es este el que construye tu espacio más íntimo”
Estas piezas son “collages” de materiales irrelevantes y basura que construye espacios borrosos o invisibles. Una metáfora de la sociedad y su inhabilidad de ver las cosas importantes. Sordos y miopes andamos por la vida guiados por el consumismo y la moda, ruidos que nos impiden escuchar cuando nuestro corazón late. Sombras que cubren las necesidades de los otros, tormentas de incertidumbre y dudas.
Piso ocres y observo monumentales verdes que manchan el cielo con sus encrucijadas formas. La brisa libera mi pelo y me deja su fragancia contaminada. En la lejanía se observa una ciudad que intenta ser ocultada, una realidad de humos y metales.
Escarbo entre amarillos, marrones y rojizos, entablando conversaciones con despojos de quehaceres diarios, secretos de nuestros antepasados,... Forman parte de las raíces de ese oasis que engaña por unos segundos nuestra ubicación, pero seguimos estando en la ciudad. Seguimos respirando ruido.
Oyendo mierda.
Las herramientas son objetos que con el uso han sufrido una transformación: manchas, fisuras e imperfecciones, como nuestras arrugas; huellas que dejan la experiencia y el paso del tiempo. Este proyecto sirve para crear nuevas herramientas para agilizar procesos, hacerlas “multifuncionales” o más estéticas. A su vez interfieren en la manera de trabajar y, por lo tanto, en futuros resultados. Estas herramientas acompañan al creador y en ellas mismas ya son una joya.
La Luz entra por una rendija de la habitación, acariciando los objetos, palpando las figuras, redibujando sus sombras. La mirada recorre las siluetas, las completa a través de la memoria.